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Por qué lloran las personas con demencia: causas y cómo ayudar

Por qué lloran las personas con demencia

Ver llorar a una persona con demencia puede resultar especialmente difícil cuando no sabemos qué le ocurre. A veces puede explicar qué siente, pero en otras ocasiones el llanto aparece de repente y la familia no consigue identificar el motivo.

Entonces surge inevitablemente la pregunta: ¿por qué lloran las personas con demencia?

No existe una única explicación. El llanto puede expresar tristeza, miedo, confusión, frustración, dolor, cansancio o una necesidad que la persona ya no consigue comunicar mediante palabras. En fases más avanzadas, el comportamiento puede convertirse en una forma de expresar aquello que la persona siente pero no sabe explicar.

Por eso, más que intentar detener el llanto inmediatamente, suele ser útil preguntarse qué puede estar intentando comunicar.

Por qué lloran las personas con demencia

La demencia afecta progresivamente a la memoria, el pensamiento, la orientación y la capacidad de comunicación. Eso puede provocar situaciones que para la familia parecen pequeñas, pero que para la persona resultan desconcertantes o angustiosas.

El llanto puede aparecer porque no reconoce dónde está, no entiende qué está sucediendo, no encuentra las palabras que necesita o interpreta de manera diferente una situación cotidiana.

Llorar no significa necesariamente que la demencia haya empeorado de repente. Lo importante es observar cuándo ocurre, qué estaba sucediendo previamente y si existen otros cambios físicos o de comportamiento.

También conviene tener presente que determinados cambios de conducta pueden estar relacionados con necesidades no cubiertas, como hambre, sed, necesidad de ir al baño, dolor, malestar o enfermedad.

Las causas más frecuentes del llanto

Antes de atribuir el llanto exclusivamente a la demencia, conviene revisar algunas causas bastante habituales.

Dolor o malestar físico

Una persona con deterioro cognitivo puede sentir dolor pero no ser capaz de explicar dónde le duele ni qué le ocurre.

El llanto, los gemidos, la agitación, los cambios de postura, los problemas para dormir o el rechazo a determinadas actividades pueden ser señales de dolor.

Conviene comprobar si existe estreñimiento, molestias dentales, fiebre, una lesión, irritación de la piel o dolor al realizar determinados movimientos. Si el cambio aparece de forma repentina o persiste, es recomendable consultar con un profesional sanitario.

Miedo y desorientación

Imaginar por un momento despertarse y no reconocer completamente la habitación, olvidar dónde está un familiar o no entender por qué alguien intenta ayudarle a vestirse permite comprender mejor algunas reacciones.

La persona puede sentir miedo aunque nosotros sepamos que no existe ningún peligro.

Discutir con ella o intentar demostrarle constantemente que está equivocada suele aumentar la tensión. Resulta más útil transmitir seguridad, hablar despacio y reducir aquello que la está alterando.

Frustración por no poder comunicarse

La demencia puede dificultar encontrar palabras, construir frases o comprender conversaciones. La persona sabe en ocasiones qué quiere expresar, pero no consigue hacerlo.

Esa situación puede generar frustración, ansiedad e incluso llanto. Los problemas de comunicación también pueden empeorar cuando está cansada, enferma o siente dolor.

Por eso conviene utilizar frases sencillas, hablar con calma y dejar tiempo suficiente para responder.

Cambios en la rutina

Las personas con demencia suelen sentirse más seguras cuando mantienen rutinas conocidas.

Una visita inesperada, un cambio de cuidador, una consulta médica, unas vacaciones o incluso modificar el horario habitual de las comidas puede provocar inquietud.

Los cambios repentinos de lugar, rutina o personas conocidas pueden aumentar la desorientación y provocar llanto o agitación.

Cansancio y exceso de estímulos

Una habitación con demasiadas personas, conversaciones simultáneas, televisión alta o mucha actividad puede resultar difícil de procesar.

Cuando aparecen estas situaciones, reducir el ruido y trasladar a la persona a un ambiente tranquilo puede ayudar más que intentar razonar constantemente con ella.

Por qué lloran los enfermos de Alzheimer

Cuando hablamos específicamente de por qué lloran los enfermos de Alzheimer, las causas son similares a las de otras demencias.

El Alzheimer puede alterar progresivamente la capacidad para comprender lo que sucede y expresar necesidades. En consecuencia, una emoción que anteriormente habría podido explicarse mediante una conversación puede manifestarse ahora mediante lágrimas, inquietud o cambios de comportamiento.

También pueden aparecer recuerdos asociados a emociones intensas. En ocasiones la persona no consigue explicar qué está recordando, pero sí experimenta la emoción relacionada con ese recuerdo.

Por ello, no siempre es necesario encontrar una explicación racional para poder ofrecer consuelo.

¿Las personas con Alzheimer sufren cuando lloran?

Esta es una pregunta difícil para muchas familias: ¿las personas con Alzheimer sufren?

Pueden experimentar dolor, miedo, tristeza, ansiedad, frustración y soledad, igual que cualquier otra persona. Lo que cambia con la enfermedad es su capacidad para comprender esas sensaciones y comunicarlas.

En fases avanzadas, incluso cuando el lenguaje está muy deteriorado, la persona puede continuar expresando necesidades y emociones mediante gestos, expresiones faciales, sonidos y comportamientos.

Esto hace especialmente importante no interpretar automáticamente el llanto como algo inevitable por tener demencia.

Hay que observar. Puede tener frío. Puede necesitar ir al baño. Puede estar cansada. Puede sentir dolor. Puede echar de menos a alguien. Puede estar asustada.

Detrás del llanto puede existir una necesidad concreta que todavía podemos resolver.

Qué hacer cuando una persona con demencia empieza a llorar

El primer paso no debería ser decirle que deje de llorar.

Es preferible acercarse con tranquilidad y tratar de identificar qué está ocurriendo.

Hablar con calma

Utiliza frases cortas y un tono tranquilo. No hagas muchas preguntas consecutivas.

Puedes plantear preguntas sencillas como:

  • ¿Te duele algo?
  • ¿Tienes frío?
  • ¿Quieres sentarte?
  • ¿Necesitas ir al baño?
  • ¿Quieres que me quede contigo?

Si tiene dificultades para responder, observa también su expresión facial, sus gestos y sus movimientos.

No discutir sobre lo que siente

Si dice que quiere ir a casa aunque ya esté en ella, responder repetidamente que esa es su casa puede no solucionar nada.

Quizá realmente esté expresando otra necesidad: quiere sentirse segura, busca un lugar familiar o echa de menos una etapa anterior de su vida.

A veces es más eficaz responder a la emoción que corregir la información.

Reducir estímulos

Apaga la televisión, disminuye el ruido y evita que varias personas intenten hablarle simultáneamente.

Sentarse a su lado, cogerle la mano si acepta el contacto o simplemente permanecer cerca puede resultar tranquilizador. La presencia y el contacto pueden seguir proporcionando seguridad incluso cuando la comunicación verbal está muy deteriorada.

Mantener rutinas previsibles

Intentar mantener horarios similares para levantarse, comer, asearse, descansar y acostarse puede ayudar a reducir situaciones de desconcierto.

Cuando la familia tiene dificultades para mantener estas rutinas diariamente, la ayuda a domicilio en Valencia puede proporcionar apoyo sin obligar a la persona a abandonar su entorno conocido.

Cuándo debe preocuparnos un aumento repentino del llanto

Hay una diferencia importante entre una persona que llora ocasionalmente y alguien cuyo comportamiento cambia bruscamente de un día para otro.

Si aparece de repente mucha más confusión, somnolencia, agitación, llanto o un comportamiento diferente al habitual, conviene consultar con un profesional sanitario.

Un cambio rápido producido durante horas o pocos días puede tener causas distintas de la propia evolución de la demencia, como una infección, dolor, efectos de determinados medicamentos u otros problemas médicos.

Un deterioro mental muy repentino no debe darse por normal simplemente porque la persona tenga demencia.

También debe solicitarse atención sanitaria si el llanto se acompaña de síntomas preocupantes como dificultad respiratoria, dolor intenso, pérdida de conciencia o un deterioro físico importante.

Mi madre tiene demencia y no la soporto: cuando cuidar desborda

La búsqueda “mi madre tiene demencia y no la soporto” puede parecer dura, pero refleja una situación real que viven algunas familias después de meses o años proporcionando cuidados prácticamente sin descanso.

La demencia puede implicar repetición constante de preguntas, alteraciones del sueño, rechazo al aseo, acusaciones, llanto, desorientación o necesidad de supervisión continua.

El agotamiento del cuidador también necesita atención.

Cuando una persona siente que pierde continuamente la paciencia, no puede descansar, vive permanentemente irritada o siente que cuidar ha ocupado toda su vida, es momento de buscar apoyo.

Repartir las tareas entre familiares, establecer periodos de descanso y contar con profesionales puede ayudar a evitar que el agotamiento termine deteriorando tanto al cuidador como a la persona atendida.

Cuando las necesidades son continuadas, puede valorarse el apoyo de cuidadores internos de personas mayores para mantener una atención más estable dentro del hogar.

No todo el llanto puede evitarse

Hay momentos en los que habremos comprobado que no existe dolor evidente, hambre, frío ni ninguna necesidad inmediata y, aun así, la persona seguirá llorando.

Eso no significa necesariamente que estemos haciendo algo mal.

A veces acompañar es más importante que conseguir que deje de llorar.

Sentarse cerca, hablar suavemente, escuchar música que le guste, mirar fotografías o realizar una actividad familiar puede ayudar a disminuir la angustia.

La prioridad debe ser que la persona se sienta acompañada y segura, no conseguir que todas sus emociones desaparezcan.

Comprender el llanto ayuda a cuidar mejor

Entender por qué lloran las personas con demencia cambia nuestra manera de reaccionar. En lugar de considerar el llanto únicamente como una conducta problemática, podemos verlo como una posible forma de comunicación.

Detrás puede existir dolor, miedo, cansancio, frustración, soledad o simplemente la necesidad de sentirse acompañado.

Observar, escuchar y responder con calma suele ser mucho más útil que discutir o intentar corregir constantemente a la persona.

En Cuidado Mayores Valencia sabemos también que atender durante meses a una persona con deterioro cognitivo puede convertirse en una responsabilidad difícil de sostener sin apoyo. Si necesitas ayuda para organizar los cuidados de un familiar y mantenerlo atendido en su propio domicilio, puedes contactar con nosotros para valorar su situación.

Este artículo ofrece información general y no sustituye una valoración médica. Ante cambios repentinos de comportamiento, dolor, síntomas nuevos o un empeoramiento importante, conviene consultar con un profesional sanitario.